El gobernador de La Rioja, Ricardo Quintela, parece haber encontrado su propio oasis discursivo en el árido desierto riojano. Mientras el Gobierno Nacional despliega la alfombra roja del Régimen de Incentivos para Grandes Inversiones (RIGI) para seducir a las multinacionales, el mandatario provincial ensaya un Estado benefactor, pero adaptado a la transición energética. Una especie de federalismo rebelde que busca demostrar que se puede atraer dólares sin entregar la llave de la provincia a los tribunales del CIADI.
Sol, viento y la vidriera del Estado
Para sustentar la épica narrativa frente a la topadora motosierra, hay que mostrar fierros. Y Quintela tiene con qué. Mañana, el gobernador inaugurará un nuevo parque solar de 64 megas montado en el predio del Parque Eólico Arauco (PEA). Así las cosas, a partir de ahora el PEA se corona como el parque híbrido más grande de la Argentina, superando los 300 megas de generación combinada.
Un hito que el gobernador exhibe como trofeo de guerra frente al déficit cero nacional. El mensaje teledirigido a Balcarce 50 es claro: el Estado sí puede gestionar energía de forma eficiente y expansiva. En La Rioja, el “Estado presente” no es solo un slogan de barricada, sino paneles y molinos funcionando bajo la órbita pública.
El manual anti-RIGI y la soberanía mineral
Subido al viento de cola (y al sol) de Arauco, el gobierno riojano acaba de lanzar su Plan Quinquenal para el Desarrollo Minero 2026-2030. Un documento que funciona como el reverso exacto de la política extractivista libertaria.
Mientras el RIGI es acusado de fomentar “economías de enclave”, el plan de Quintela —a través de las empresas estatales EMSE y Kallpa I+D— propone que La Rioja no sea un simple mostrador de cobro de regalías. El texto exige un desarrollo real de proveedores locales, impone un estricto “Inventario Hídrico” para cuidar el agua (un tema siempre sensible en la provincia) y, lo más urticante para los manuales de Wall Street: exige soberanía jurídica. Las controversias se dirimen acá. Nada de ceder jurisdicciones. Una bandera de la clásica “soberanía energética” que resiste los embates de la más moderna “seguridad energética” que hoy prolifera en los zócalos televisivos.
El choque de planetas (o la calculadora de D’Energía)
Aquí podríamos agregar que la sintonía fina del relato choca irremediablemente con la cruda realidad del excel. Estructurar el financiamiento para un parque eólico-solar de 300 megas, con contratos a mediano plazo y demanda garantizada, es una jugada audaz pero terrenal para una provincia. Ahora, enterrar capital de riesgo en la cordillera para sacar cobre o litio, es otro deporte completamente distinto.
Poner en marcha una mina polimetálica de clase mundial requiere inversiones hundidas que no bajan de los 3.000 a 5.000 millones de dólares, con tiempos de retorno que superan la década. Y aquí es donde el “blend” riojano cruje. El gran capital minero exige, sin sonrojarse, exactamente lo que el RIGI le regala: libre disponibilidad de divisas, beneficios impositivos obscenos y un blindaje legal internacional a prueba de expropiaciones o cambios de humor político.
La pregunta que queda flotando es si Quintela podrá seducir a los popes globales de la minería solo con buenas intenciones geológicas y el éxito de sus molinos de viento, mientras provincias vecinas como San Juan o Salta ya abrieron las puertas del RIGI de par en par. El “Gitano” tiene el viento y el sol de su lado, pero para mover la montaña de la mega minería, la épica del Estado presente todavía tiene que demostrar quién pone los dólares.