Manantiales Behr y la venta que todavía no cierra

13 febrero, 2026

En diciembre, este medio publicó “Manantiales Behr y la competencia de cartón: así se licúan activos del Estado” , donde se advertía sobre la posibilidad de competencia distorsionada y estructuras empresarias fragmentadas en procesos energéticos estratégicos. Dos meses después, la discusión ya no es conceptual: el financiamiento de la oferta ganadora aún no se concreta.

Limay Energía, el vehículo de Rovella Capital, ganó la compulsa con la propuesta económica más alta. Muy por encima del resto. En el momento de la adjudicación, el argumento fue evidente: maximizar valor. Pero en el mercado petrolero nadie ignora que una oferta agresiva también obliga a mostrar respaldo financiero equivalente. Y ese fue, desde el inicio, el punto que generó ruido.

Rovella no es un actor tradicional del upstream. Su historia está vinculada a la obra pública y a la construcción, no a la operación petrolera. Por eso, cuando se conoció el resultado, varios competidores interpretaron que la apuesta era financiera antes que industrial. La lógica era clara: entrar a un activo maduro, con flujo estable, y estructurar el financiamiento después. El problema es que ese financiamiento todavía no apareció.

Ahí empezó la incomodidad interna. Dentro del directorio de YPF hubo posiciones distintas desde el comienzo. Un sector empujó la venta rápida para mostrar avances concretos en el plan de focalización en Vaca Muerta y mejorar la foto financiera. Otro grupo planteó reparos más clásicos: quién operaría el área, cómo se garantizaba el cierre y qué pasaba si el comprador no conseguía los fondos. La decisión se tomó igual. Hoy esa discusión vuelve, pero en silencio.

En la industria nadie habla abiertamente de favoritismo, pero sí de una operación apurada. La diferencia económica con otras ofertas terminó pesando más que la experiencia operativa o la capacidad de fondeo inmediato. En privado, algunos ejecutivos admiten que el proceso quedó demasiado atado al precio final, en un contexto donde vender caro también implicaba asumir más riesgo de ejecución.

La demora en el cierre abrió otro frente. Si la operación se cae, YPF no solo pierde tiempo sino también poder de negociación frente a otros interesados que habían quedado afuera. Reabrir el proceso implicaría aceptar condiciones distintas y, probablemente, un valor menor. Ese es el verdadero dilema que hoy atraviesa a la compañía.

Mientras tanto, el nombre de Rovella quedó en el centro de las conversaciones del sector. No por lo que hizo, sino por lo que todavía no pudo hacer: cerrar el financiamiento. En un negocio donde el acceso al crédito define quién juega y quién no, la operación quedó atrapada entre una oferta ambiciosa y un mercado financiero mucho más restrictivo que el de hace unos años.

En los pasillos petroleros la lectura es menos elegante. Manantiales Behr fue vendido en el directorio, comunicado al mercado y celebrado en público. Pero hasta que no aparezcan los dólares, sigue siendo una venta en suspenso. Y cuando una operación energética empieza a discutirse más por su ingeniería financiera que por su lógica productiva, la historia rara vez termina sin costos políticos internos.

Y cuando una operación energética empieza a discutirse más por su ingeniería financiera que por su lógica productiva, la historia rara vez termina sin costos políticos internos.

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