Ah, pero qué delicia ver cómo avanza el “anarcocapitalismo” energético a pasos agigantados hacia la nada misma. En este maravilloso experimento donde la mano invisible del mercado promete derramar prosperidad, lo único que se está derramando en el Fin del Mundo es la producción de crudo, que ya acumula un colapso histórico superior al 90%. Pero no se preocupen, libertarios de café: ¡el RIGI seguro lo arregla en cinco minutos!
La última gran jugada del “éxito privado” nos la regala la firma Roch S.A., que tras 35 años de sacarle hasta el último jugo a la Cuenca Austral, armó los bolsos, guardó los termos y dijo “hasta luego, muchachos, me voy para Santa Cruz que allá hay mejor clima de negocios”. Como si fuera una mala comedia administrativa, la gestión provincial formalizó la Resolución 82/26 del Ministerio de Energía, decretando que no hay prórroga para los bloques Río Cullen, Las Violetas y Angostura. ¿El detalle más hermoso de esta comedia dramática? Las concesiones vencen este domingo 17 de agosto. Sí, en apenas 48 horas. A dos días de que venza el contrato, la provincia todavía no tiene la menor idea de quién demonios va a operar más de 1.000 kilómetros cuadrados de áreas productivas. Un verdadero monumento a la previsibilidad y a la “eficiencia” corporativa que tanto nos prometieron en los spots de campaña.
Por supuesto, desde la burocracia provincial salieron a poner la cara con el argumento de que Roch no presentó los papeles a tiempo —que le faltaba el Joint Operating Agreement, que la voluntad societaria de la UTE no estaba clara, que las firmas no coincidían… en fin, el famoso “se me cayó el sistema”. Pero la realidad es bastante más pedestre y huele al rancio aroma de la desinversión planificada. Roch ya venía pidiendo devolver más del 50% de las superficies porque, claro, mantener pozos maduros e infraestructura cuando las ganancias no son siderales es demasiado “estatista” para su refinado gusto. Prefieren migrar hacia horizontes más lucrativos, dejando atrás un reguero de pasivos ambientales e incertidumbre laboral, mientras el discurso oficial de “libertad para los mercados” celebra que las corporaciones tengan la libertad… de vaciar y huir.
La gran pregunta que flota sobre el congelado viento fueguino es si vamos a presenciar una secuela del desastroso “modelo YPF/Terra Ignis”. Recordémoslo para los memoriosos del ajedrez libertario: cuando YPF decidió soltarle la mano a las áreas maduras de la isla en nombre del ajuste y la rentabilidad corporativa pura, prometieron un traspaso ordenado a la estatal provincial Terra Ignis y la llegada triunfal de nuevos operadores como Velitec. ¿El resultado real? Conflictos laborales dantescos, promesas de reincorporar a cientos de trabajadores que quedaron reducidas a un puñado de contrataciones a cuentagotas, y una parálisis operativa que avergonzaría a cualquiera que tenga dos dedos de frente.
Ahora, con la salida intempestiva de Roch y sus socios (entre los que figuran Crown Point, El Trébol y otras luminarias del sector), el futuro hidrocarburífero de Tierra del Fuego queda colgado de un pincel. La resolución ministerial instruye con asombrosa ingenuidad a la Secretaría de Hidrocarburos a “garantizar la continuidad mediante los procedimientos que correspondan”. Tranquilos todos: no hay operador, no hay pliegos de licitación aprobados, faltan las mayorías de dos tercios en la Legislatura para cualquier nuevo convenio, pero los procedimientos “corresponderán”. Un absoluto lujo de la planificación libertaria: privatizar la rentabilidad en las etapas de oro y socializar la desidia y los pozos vacíos cuando la fiesta se termina.
Mientras desde los despachos porteños festejan la quita de regulaciones, el “aperturismo” y el mantra del retiro del Estado, en la práctica el mapa energético nacional se desmorona a pedazos por los costados. Las petroleras juntan los dividendos, miran la planilla del Excel y si los números no dan para un retorno inmediato, apagan la luz y te dejan el tendido deshecho.
Tierra del Fuego ingresa así a un fin de semana a pura adrenalina energética. Sin plan, sin operador confirmado a partir del lunes y con la certeza absoluta de que el “laissez faire” no era más que dejar hacer el vaciamiento para salir corriendo. Habrá que ir comprando velas, porque con esta política energética, el único derrame que nos espera es el de la realidad pegándonos de frente.